La anónima labor de Damas de Azul en el hospital.

Entrevistada por Juan Luis Villarroel

La Agrupación de voluntarias Damas de Azul del Hospital Carlos Van Buren cumplen desde el 14 de febrero, 23 años de trabajos desinteresados y solidario en favor de los pacientes que llegan a la Unidad de Emergencias Adultos entre otros importantes servicios. La Presidenta de la agrupación que reúne a 26 voluntarias, la Sra. María Eugenia Zárate nos da una entrevista

¿Hace cuánto tiempo que está usted está en el Hospital?

41 años, desde 1979.

¿Qué la motivó para hacer esta labor?

A mí me gustó siempre servir y el trabajo del Hospital. Cuando yo era lola, tenía 16 años, entré al Hospital Deforme y ahí me iban a hacer el curso de arsenalera, pero yo estaba pololeando y me iba a casar, entonces me dijeron que no, porque yo me iba a ir. Usted sabe que antes los hombres eran machistas y no dejaban que las mujeres trabajaran.

¿Quién le dijo que no?

Los hombres, mi marido, sí, imagínese, yo me casé a los 18 años, en el año 1963, y los maridos eran así antes, pero siempre tuve ese “bichito”, hasta que después tenía a mis hijos grandes; uno iba en primero medio y el otro en octavo básico, entonces ahí busqué, porque me sentía más libre; no cuando estaban más chicos, porque tenía que ir a dejarlos al colegio, ir a buscarlos, todas esas cosas, entonces, ahí busqué, hasta que una persona, que también era del colegio, apoderada, me habló de aquí; ella también iba a entrar, vine, me presenté y me aceptaron, y desde ese año que estoy aquí.

¿Cuál es la importancia de la labor que realizan en general las Damas de Azul y todo el voluntariado?

Yo sé que todos los voluntariados hacen lo mejor posible por las necesidades de los pacientes, pero aquí, en la Unidad de Emergencia, el trabajo es diferente, porque aquí estamos en el “choque”; llega la gente muy alterada de repente, y yo encuentro que con razón, porque uno tiene que ponerse en el lugar de la otra persona; a veces nos insultan, pero uno no va a estar poniéndose a pelear con la gente, no, uno trata de calmarlos, de tratar de solucionarles sus problemas, porque a veces vienen con muchos problemas; por ejemplo, no saben cómo está su paciente, que quieren hablar con el médico, y el médico no habla, a no ser que él necesite hablar con el paciente; en la hora de visita la enfermera que tiene que darles todo el reporte sobre cómo va el paciente, su estados, si va mejor o mal, así a la pasada, porque hay mucho paciente y van de cama en cama, entonces, ellas a veces sienten que no saben nada del paciente, o cuando vienen a atenderse, están horas y horas, entonces, ahí hay que írselos a ver, a preguntar si mandan a decir algo, llevarles sus útiles, si el paciente manda a decir algo, les damos comida a los pacientes; nosotros al principio entrabamos a solamente a dar comida a los pacientes, con el tiempo empezamos a hacer más cosas.

Yo vi que ustedes tienen una especie de closet con ropa para gente.

Ahí hay ropa y también papel higiénico, colonia, shampoo, jabón, pasta de diente, cepillos, máquinas para afeitar, bóxer.

¿Cómo consiguen esas cosas?

Con nuestras cuotas que pagamos todos los meses.

¿Hay alguna experiencia que usted recuerde que haya sido especialmente importante con un paciente o algún grupo de pacientes?

Yo, gracias a Dios, he tenido siempre buenas experiencias, siempre me dicen, a veces incluso pacientes que ya ni me recuerdo, tantos años ya, y me recuerdan. La otra vez un paciente me dijo “hooola, cómo ha estado usted que fue tan buena conmigo”, todo eso, entonces, yo ni me acuerdo en realidad, porque son años; yo ya no estoy con la misma memoria, tenía muy buena memoria, entonces eso a uno la motiva, uno no gana nada aquí en realidad, a veces gana hartos malos ratos, no tanto con los pacientes o las personas, con los funcionarios de aquí.

¿Cómo es eso? Explíqueme.

Antes no, era otra escuela, ahora no nos saludan, nos contestan mal, como que fuéramos la última “chupada del mate” como se dice.

¿Nos las consideran?

No, para nada. Entonces, yo siempre les digo a las voluntarias, porque algunas se sienten mal y dicen “me voy”, “para qué estoy aquí”, yo no, al contrario, porque yo encuentro que mientras más cuesta hacer la caridad, tiene más valor.

¿Y en qué sentido eso puede obstaculizar su labor?

Por ejemplo, nos pusieron hartas prohibiciones, hasta que no diéramos de comer.

¿Qué otras prohibiciones?

Que uno ahora no puede hablar con los médicos; ahora si los buscan afuera, uno no puede ir a decirle a un médico que lo buscan afuera, porque hay que pasar primero por el Jefe de Informaciones, o si un médico nos dice de adentro “dígale a la persona que pase”, no puedo hacerlo pasar, porque el médico tiene que decirle al que está en Informaciones o a la enfermera, entonces los médicos a veces dicen: “¿quién manda aquí, nosotros o el de Informaciones?”. Antes no era así y se nos consideraba bastante.

¿Y esa condición ha ido empeorando en el tiempo?

Sí, con decirle que hay trece voluntariados en diferentes servicios del Hospital, pero resulta que ya no quedan, son muy poquitas, mi voluntariado y las de Amarillo son las que más tenemos, las demás van a desaparecer y la gente joven no entra, por ejemplo, una persona de 33 años no va a entrar porque ellas tienen otras prioridades, de trabajar, pasear, entonces no tienen esa vocación que yo pienso que tengo. Lo más joven que puede llegar es como de 40 años, pero a veces hay gente joven que al menos a nosotros nos llega, que trabajan y todo, pero deja un día, una tarde, una mañana para hacer voluntariado, entonces ese es el problema.

¿Cuál es a su juicio la importancia de trabajar en equipo?

Por supuesto que es bueno, porque nosotros cubrimos turnos para toda la semana, porque una persona no puede venir todos los días, ni en la mañana ni en la tarde, entonces todo se conversa, lo que hay que hacer; tiene que ser un trabajo en equipo, no podemos trabajar solos, ni creerse lo máximo; somos todas iguales, soy la presidenta, lo que sea, nadie manda a nadie.

¿Recuerda alguna anécdota en especial, algún chascarro o cosa singular que siempre cuentan entre ustedes? Porque me imagino que cuando llegan las más jóvenes, les cuentas cosas de lo que ha pasado, algo divertido.

Cosas divertidas no muchas, pero cosas terribles sí.

¿Cómo cuáles?

Cuando yo empecé, la gente que chocaba [en vehículo] en Santos Ossa. Una vez un camión que chocó ahí, y murieron muchas personas; quedaron los trabajadores en las murallas de la Inacap, donde ahora está la Municipalidad.

¿Qué pasaba ahí, qué labor hacían ustedes?

Nosotros tratábamos de calmar a los familiares y averiguábamos para que la gente supiera algo, entonces, por lo menos había alguien que les dijera algo. También cuando fue el terremoto de 1985; ahí nos tocó duro porque no habían visitas debido a que no había ni luz ni agua, estaba nuestro voluntariado solamente; ahí vinieron varias de nosotros, porque cuando ocurre algo así tenemos que venir la mayor cantidad de voluntarias, entonces, llevábamos cosas a todos los pisos a pie, porque no funcionaban los ascensores; fue una locura y todo se atendía en la Unidad de Emergencia, fue horrible, quedábamos agotadas.

Lo otro que me tocó fue el accidente ferroviario de Queronque, también horrible porque llegaba la gente y no sabían dónde estaban sus familiares, a algunos los habían trasladados, uno estaba ahí pendiente dando la información, tratando de tranquilizarlos, en ese tiempo yo estaba esperando a mi hija menor, estaba embarazada; acompañar a las personas a la morgue para ir a reconocer si estaban los cadáveres de sus familiares, era una cosa pesada para uno que no es enfermera ni médico.

Una vez yo iba saliendo del turno y vi un atropello, me devolví y ahí estuve hasta las 2 de la mañana, me dejaron con un fallecido que lo sacaron para poner a otro, había tres salas y una donde estaban los más graves, me dejaron a mí cuidando todas las salas con una persona fallecida al medio. Por eso a veces me da pena la desconsideración.

¿Y no le han dicho las razones de eso, quizás esos cambios responden a nuevas normas u otra cosa?

Ha cambiado un montón de cosas, pero hay acciones que las hacen personas que no corresponde, por ejemplo, los guardias de la empresa anterior nos trataban mal, una vez me dijeron “ustedes se llevan para adentro y para afuera, deberían entrar por otra puerta”; no sé por qué otra puerta tendríamos que entrar, si es la única, y todo eso hemos tenido que aguantar, pero nosotras no peleamos, ahora último, a la edad mía, ya no aguanto tanto.

¿Tiene algún recuerdo de un paciente especial?

Fue el primero cuando llegué, un niño de trece o catorce años que se había caído en un pozo en el interior y estaba parapléjico, entonces, yo iba a verlo, le daba su comida, estábamos pendientes de él hasta que falleció; y recuerdo otro paciente que era homosexual y muy risueño, venía siempre, era medio psiquiátrico, llegó porque se había tomado, estaba hospitalizado y antes en las salas habían camillas, cuando nos cambiamos recién, porque se suponía que los pacientes iban a pasar inmediatamente al servicio que le correspondía por su patología, pero eso nunca fue así, pasaban semanas y ahí no les daban nada para comer, entonces yo a él le traía comida de mi casa.

¿Y por qué no daban comida?

Porque como se suponía que iban a pasar inmediatamente, no iban a estar más de un día, una tarde, una mañana ahí, pero no pasó, entonces ahí tuvieron que empezar las comidas, ya que se fueron quedando los pacientes, además, comenzó a llegar el Hospital Deformes.

¿Cómo fue la llegada del Hospital Deformes?

Fue medio caótico, había un sentimiento de que se les estaba usurpando sus espacios, lo típico que pasa entre los seres humanos, así que de a poco, incluso como yo había trabajado ahí, todavía había gente que me conocía, entonces para mí no fue problema, ahí nos fueron quitando espacios.

Antes jamás los box de atención habían tenido pacientes hospitalizados, eran para atender, lo mismo en la posta infantil, después, como empezó a llegar tanta gente por el Hospital Deformes, entonces fueron disminuyendo las camas en distintos pisos; los box hace tiempo que no son de atención, a veces atienden en los box de tratamientos.

¿Qué conclusiones sacaría usted de todos estos años de experiencia realizando esta labor?

Estoy muy agradecida de Dios por ponerme aquí, porque paso rabias, pero tengo más satisfacciones, porque cuando llega la gente y nos dan las gracias o nos dicen: “aquí lo único bueno que hay son ustedes”, y no una sola persona.

Cuénteme más de eso., las cosas bonitas que le han pasado como persona.

Uno se nota que se está preocupando, incluso a uno le cuentan cosas que no le contarían ni al cura, los familiares y los pacientes.

¿Cómo qué?

Por ejemplo, una señora que había sido violada por su papá, un montón de cosas así, la gente ahora no tiene con quién conversar, porque nadie pone atención a nadie, pero yo sí lo hago, incluso cuando doy comida, empiezo a conversar con los pacientes, no soy como un robot, eso es lo que más necesita la gente aquí, algunos no conversan y a otros les sigo la corriente.

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