“Donde quiera que se ame el arte de la Medicina, se ama también a la Humanidad” Platón

Elizabeth Hellman 1

Eros nos aferra a la Vida y nos revela como Humanidad un instinto desenfrenado a asirnos a nuestro días, nos resistimos a nuestra condición finita y desafiamos la Inteligencia para hallar respuesta a los retos que la Naturaleza impone. Esta vez nos sacudió con la Muerte Gris, un virus de alta contagiosidad  y no menos letalidad, que puso en jaque a desarrolladas culturas y nos acercó a la Humildad tantas veces ausente en nuestras acciones cotidianas. No obstante, como hijos de la Resiliencia nos levantamos algo contusos pero bien sostenidos por el ánimo, casi pueril a ratos, de sostener la Esperanza. Con ese mismo afán, el mundo de la Medicina alópata aunó sus voluntades para levantarse de la debacle y haciendo una apología a quienes se desenvuelven en esas lides, se estudió con diligencia y prontitud una ruta terapéutica para las víctimas del virus. Pero yo no cuento con las herramientas para compartirles un sólido relato epidemiológico, del desarrollo de la pandemia en curso, mi relato es más bien testimonial e íntimo de lo observado en lo cotidiano, con un entorno cambiado en los hábitos diarios comunitarios y propios domésticos, los temores iniciales, los primeros tropiezos y el ponerse de pie. La Sociedad confinada vio coartada sus libertades de movimiento y se buscaron rutas de desconfinamiento, la Creatividad volvió a retomar protagonismo y si nos centramos en la Palabra, que es lo que nos convoca en común, veremos cómo ella libera, empatiza, humaniza y fraterniza, definitivamente desconfinándonos

Dicho lo anterior, les contaré cómo un médico ordinario visibiliza la Muerte que le acompaña en sus visitas de Hospital, cual Tánatos eligiendo a quienes le acompañarán en el viaje del cual no han de volver. A su vez les contaré como un médico ordinario ve de igual forma el combate fraguado con la Vida en pos de prolongar sus días y la calidad de los mismos.

Para ello, así como se ama la abogacía, la docencia de aula, la carpintería o la orfebrería, así también se desarrolla desde temprano el amor por aplacar el dolor ajeno, transformándose en un apostolado que dignifica al Hombre y que hoy en día es además una responsabilidad que obliga a amar la profesión como un oficio que cambiará nuestros hábitos y acciones absorbiendo estilo de vida personal y familiar.

Veremos la Vida ya no de manera lineal y jugaremos entrando en las escabrosas curvas que ella ofrece, tendremos que saber el punto exacto en donde nuestras intervenciones desmedidas por preservarla, entorpezcan la expresión genuina de su calidad en beneficio de su innecesaria prolongación, no con ánimo eutanásico sino con la Humildad de reconocer el momento de último estertor en donde cedemos la intervención humana, a la intervención de quien otorgó el primer soplo de Vida, que será abducida hacia otro devenir. Es así como lo ignoto del después apasiona al Hombre como uno de los grandes misterios irresolutos, algunos abrazando una fe, otros un asidero científico, pero todos por igual forma negándose a la finitud absoluta.

Precisamente al desconfinar, la Palabra permite entonces perpetuar al Hombre más allá de sus días y expandir sus ideas y miradas ya sin límites, vista así la Vida como una oportunidad infinita de expresiones sublimes que prolongan la existencia, la Medicina se reconvierte para ya no estandarizar sus cánones sino individualizarlos invitando a un ejercicio de precisión.

Ya no basta sanar al cuerpo, sino al individuo completo en sus dimensiones satélites que le otorguen la libertad avasalladora inherente a su condición. En su afán de prolongar sus días, la Medicina de precisión querrá abordar tempranamente los patrones moleculares y epigenéticos, para prolongar el disfrute que la Vida ofrece y expandir las posibilidades de un buen vivir, ya no veremos al paciente sólo como un individuo aislado, sino a un ente inserto en una biodiversidad de un ecosistema sustentable, en el cual todas las piezas ensamblan y articulan con particular armonía. El rol de la sanación corporal que hemos jugado hasta ahora, expandirá horizontes que sin dudas ya no sólo se depositarán en manos de los médicos, y nos convertiremos como Sociedad en miembros contribuyentes a un mejor mañana. Y así como ahora ha sido un virus el que nos ha ofrecido lecciones en diversos planos, podrá ser mañana otro agente, y lograremos de igual forma desdibujarnos de patrones obsoletos, reinventando como seres tribales nuevas respuestas frente a nuevas interrogantes

1Médico Nefrologa Hospital Carlos Van Buren

Print Friendly, PDF & Email
Ir al contenido