Cómo hemos ido cambiando nuestra forma de relacionarnos. Andy Levy

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Además de atacar el sistema inmunitario, COVID-19 ha afectado gravemente todos los aspectos de la sociedad. Ha alterado la forma en que trabajamos, jugamos, aprendemos, hacemos ejercicio, compramos, y socializamos. La respuesta oficial en muchos países ha sido un mensaje urgente: Para lograr el bienestar social, debemos ajustar la forma en que vivimos.

Entonces, ¿cómo están lidiando las personas con estos cambios de estilo de vida? Después de todo, los seres humanos generalmente no están bien dispuestos a desviaciones radicales de sus rutinas. Seguramente hay un límite en cuanto al tiempo que las personas aceptarán restricciones de comportamiento sin precedentes por el bien de la sociedad, por delante de sus necesidades personales. La psicología puede ofrecer algunas ideas sobre lo que probablemente está sucediendo.

Por supuesto, no todos han cumplido con las instrucciones del gobierno hasta ahora. Los bañistas , los bebedores , los parrilleros , los asistentes a fiestas y los jugadores de fútbol han llamado la atención de las personas y los medios de comunicación. Ni hablar de los que a diario se aglomeran en calles y centros comerciales no desaprovechando la oportunidad de conversar. Tal como expresa el dicho “los pájaros con la misma pluma vuelan juntos”, las personas tienen una fuerte necesidad de pasar tiempo en proximidad física entre ellas.

También dudan naturalmente de romper los lazos sociales porque son una motivación humana fundamental; la investigación nos dice que las personas nos aferramos a estos lazos y a las membresías grupales que nos sustentan porque benefician nuestra salud psicológica.

Conflicto mental

Por lo tanto, resistir la tentación de entablar una conexión social cara a cara no es tan fácil como algunos podrían pensar. Romper los lazos con nuestros grupos sociales puede hacernos sentir solos, lo que a su vez puede aumentar la probabilidad de depresión, Hipertension arterial y otros riesgos cardio vasculares.

Como resultado, muchas personas en confinamiento ahora están experimentando lo que los psicólogos llaman «disonancia cognitiva», lo cual ocurre en situaciones en que las personas experimentan molestias mentales por tener pensamientos y sentimientos contradictorios.

La disonancia psicológica entre lo que podríamos pensar (el cumplimiento del aislamiento es una buena idea) y sentir (soledad) es una cruda realidad. Sabemos que las personas intentarán naturalmente reducir la disonancia para mantener su bienestar mental, y hemos visto personas que se esfuerzan por hacer frente a la disonancia psicológica de diferentes maneras: con masivas negaciones de la pandemia o incluso países que afirman estar libres del virus .

Pero, sobre todo, las personas se las han arreglado adaptándose a nuevas formas de vida, en gran parte ayudadas por la tecnología moderna. Hemos visto una amplia gama de eventos sociales virtuales, que incluyen reuniones familiares, clases de baile , ejercicios compartidos, o grupos de autoayuda en lactancia materna

Cohesión y unión

La historia nos dice que la sociedad puede ser socialmente cohesionada en tiempos de crisis, y que el coronavirus representa un enemigo común formidable, que no distingue entre distintos bandos. Las investigaciones sugieren que al enfrentarse a una amenaza común, un sentido compartido de unión puede llevar a las personas a mirar más allá de sus diferencias y responder colectivamente a los desafíos que enfrentan.

Los estudios sugieren que en momentos de crisis, una conexión emocional con los demás, es primordial para motivar la acción masiva pro-social. Los sentimientos de cercanía pueden llevar a una afinidad y preocupación compartida por el bienestar colectivo. Por lo tanto, las personas que se sienten parte de una comunidad cohesionada pueden formar una poderosa identidad compartida sirviendo a los necesitados.

A pesar de las dificultades, muchos de nosotros hemos encontrado formas de (en parte) satisfacer nuestra necesidad humana de conexión social y emocional. Hemos encontrado formas innovadoras de comunicarnos con otras personas a distancia, y hemos sido testigos de un alentador sentido de comunidad y un nuevo énfasis en la necesidades colectivas, en nuestros intentos por hacer frente a una nueva forma de vida, quizás sin saberlo estamos cambiando el modelo de cómo viviremos nuestras existencias en el futuro.

Colourful times. Shutterstock/Antipina Daria

Andy Levy, Reader in Psychology, Edge Hill University

Artículo traducido,adaptado y actualizado por revista Sinapsis

Publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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