Cómo ayudar con la escuela en casa: no hables como un profesor. Catherine Doherty

En muchos países, las escuelas permanecen cerradas y la mesa de la cena ahora sirve también como escritorio. Esta crisis nos ha dado a todos un nuevo respeto por el trabajo que hacen los maestros, pero también nos ha brindado un momento extraordinario para romper las restricciones del aprendizaje en el aula.

Si bien ha habido mucho interés en las herramientas y recursos digitales para ayudar a los padres a apoyar el aprendizaje, no debemos pasar por alto la herramienta de precisión más flexible y práctica que tenemos a nuestra disposición: hablar.

En el aula, los profesores suelen utilizar la conversación para reunir a un grupo diverso de estudiantes a través de una secuencia de actividades en un tiempo asignado. Algunos estudiantes pueden tener dificultades para seguir el ritmo de la enseñanza, mientras que otros pueden encontrarlo extremadamente lento.

Los maestros hacen preguntas para evaluar la comprensión de toda la clase. weedezign

Pero ahora nos encontramos en un momento único. Las conversaciones uno a uno pueden desarrollarse a un ritmo que refleje las necesidades e intereses de tu hijo. Esta es la fórmula mágica.

Predicar con el ejemplo

Aquí hay algunos consejos sobre cómo ayudar a tu hijo a aprender a través de la conversación.

Tómate tu tiempo: ahora no existe la urgencia de cumplir con un plazo u horario arbitrario. Los maestros a menudo tienen que apurar a los estudiantes y pasarlos a la siguiente actividad programada. Si bien los adultos a menudo nos quejamos de que los niños tienen períodos de concentración limitados, de hecho, a menudo somos nosotros los que nos inquietamos y queremos pasar al siguiente paso. Deja que tu hijo permanezca en la tarea hasta que termine.

Haz preguntas: los maestros a menudo hacen «pseudo» preguntas, de las que ya conocen la respuesta, como una forma de verificar la comprensión y atención de los estudiantes. Una vez que el maestro logra la respuesta deseada, toda la clase puede continuar, asumiendo que todos los demás están en la misma página. Una vez más, los maestros han tenido que desarrollar esto para administrar la relación alumno-maestro.

Pero, en casa, estas preguntas pueden usarse para verificar y explorar la comprensión individual de tu hijo. Aún mejor, indicaciones como «cuéntame sobre …» y «piensa en voz alta», pueden invitar a respuestas más largas y reflexivas.

Dale tiempo para pensar: en clase, las presiones de tiempo pueden privar a los estudiantes de momentos para pensar sobre sus respuestas. En casa, podemos darle a pensar el tiempo que necesita. Como adulto inquieto, es muy tentador interrumpir el tiempo para pensar con nuevas versiones más complejas de la misma pregunta, pero trata de resistir este impulso. Si necesitas volver a preguntar, no cambies la pregunta, solo repítela y deja que se desarrolle el pensamiento en tu hijo.

Discute con él: bajo la presión del aula, los estudiantes rara vez hacen preguntas sobre el contenido del plan de estudios. Puedes girar este patrón sobre su cabeza. Si los materiales escolares sugieren un tema, comienza con una discusión compartida sobre las preguntas que ambos quisieran responder sobre ese tema. Toma nota de esas preguntas y luego habla con tu hijo sobre cómo podrían abordar cada pregunta.

Haz un poco de pensamiento especulativo con tu hijo: planteen juntos hipótesis o hagan algunas conjeturas que luego puedan probar. Detente y explora su comprensión y aplicación de ideas. Haz preguntas genuinas que tu hijo no sepa responder, y comparte el proceso de preguntas y respuestas. Las desviaciones y desvíos son parte de la diversión al explorar ideas.

Manten a los niños involucrados

Lee en voz alta: tendemos a asociar la lectura escolar con los estudiantes que leen textos en voz baja. En cambio, usa esta situación que vivimos para leerle en voz alta a tu hijo. Toma un libro que esté un poco más allá de su capacidad y detente después de cada capítulo para reflexionar sobre lo que sucedió y lo que podría suceder a continuación.

Alterna los párrafos de lectura en voz alta entre sí, imitando las voces de los personajes por diversión. Cae en un error ocasional, sin sentido, para comprobar que tu co-lector está siguiendo atento la lectura. Cuando entre una hermana mayor, un hermano o haya una distracción, pídele a tu compañero de lectura que les actualice la historia mientras tomas una taza de té. Puedes apoyarlo con «y ¿qué pasa cuando …?»

Usa tu propio lenguaje: los maestros tienden a hablar el lenguaje oficial de instrucción, pero este puede ser como el segundo idioma de tu hijo, o como un dialecto que no se usa en el hogar. El bilingüismo es un activo valioso, no un impedimento . Este momento es una gran oportunidad para que tú y tu hijo usen el lenguaje del hogar para explorar y enriquecer el aprendizaje escolar.

Alienta a tu hijo a hablar: Algunos de nosotros fuimos educados en momentos en que se esperaba que los niños fueran vistos y no escuchados. Hoy en día, la conversación interactiva se entiende como un indicador del aprendizaje activo y una parte importante de la construcción del conocimiento . Hablar es una herramienta extraordinaria para dar sentido y construir relaciones.

La charla enriquecida no cuesta nada y puede comenzar de inmediato. Si las escuelas se reanudan bajo arreglos socialmente distanciados, podemos esperar que las conversaciones en las aulas se vuelvan más limitadas. Nuestras interacciones con diferentes lecturas en el hogar pueden continuar proporcionando un contraste con la charla de los maestros.

Catherine Doherty, Professor of Pedagogy and Social Justice, University of Glasgow

This article is republished from The Conversation under a Creative Commons license. Read the original article.

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