Algunas reflexiones emanadas de la experiencia vivida en el cargo. Rodrigo Riveros Pintone

Aprovechando el lanzamiento de la revista institucional, y habiendo pasado un año calendario – casi exacto – desde que el Dr. Mauricio Cancino me nominara para asumir el rol de Subdirector Médico (o de Gestión Asistencial), me parece esta una oportunidad para compartir algunas reflexiones emanadas de la experiencia vivida en el cargo. El texto no tiene intención de ser un recuento, ni siquiera un resumen, sólo incluir algunas reflexiones que me parecen dignas de registrar.

Somos el Hospital de (en) Valparaíso

El Carlos Van Buren, no es sólo el principal Hospital de la ciudad (¿qué duda cabe?), es “el Hospital donde nacen los porteños”; además, es una de sus principales instituciones, que vive los avatares del puerto como uno más de sus habitantes.

Hace muchos años que la sensación de abandono de Valparaíso es recurrente entre sus habitantes; parece ser que efectivamente “un manto de tristeza” nos fue cubriendo, más allá del esfuerzo de actores puntuales de rescatar el valor patrimonial de parte de la ciudad. Esa sensación se transmite al acontecer hospitalario y parecemos tener las mismas carencias, pero que son contrarrestadas en parte ―al igual que en el puerto― por el enorme corazón, compromiso y espíritu de supervivencia de sus funcionarios.

«Es muy deseable que en casos de incertidumbre el argumento clínico predomine sobre el administrativo. El personal del Hospital tiene la “facilidad” de tener un norte a la labor desempeñada; este norte es el paciente como eje y fin último de nuestras acciones, independiente del estamento y campo de trabajo, ya sea administrativo o clínico».

No hay techo

En las reuniones preliminares, al asumir el trabajo de dirección junto al Dr. Cancino, asomaban dos objetivos enormes y a priori muy complejos de cumplir, como lo eran la resolución de lista de espera quirúrgicas, y la re-acreditación.

Si bien ambas tareas parecían titánicas, contaban con el aval de trabajo de equipos directivos y de las respectivas áreas, con varios años “sobre los hombros”, que daban garantías para afrontarlas de la mejor manera, no obstante, los temores de no cumplirlas, especialmente durante el contexto local y nacional experimentado durante el segundo semestre de 2019.

Ambos objetivos contaron además con el compromiso de todos los equipos del Hospital, razón final del éxito obtenido. Este año, como nunca antes, se vio una comunión de los distintos estamentos en la tarea de mantener la atención de los pacientes, pese a las múltiples dificultades.

El equipo del Hospital realiza un gran trabajo a diario, pues contamos con referentes en las distintas áreas del conocimiento, generando guías ministeriales, participando en sociedades científicas, realizando docencia de pre y postgrado en áreas clínicas y no clínicas en prestigiosas universidades regionales y nacionales; en este mismo contexto, como Hospital ofrecemos procedimientos de alta resolutividad e intervenciones de vanguardia a los porteños y porteñas que acuden a nosotros.

Contamos con funcionarios talentosos y con genuinas ganas de mejorar el Hospital. De hecho, en mi rol de Sub Director Médico he trabajado con varios funcionarios anónimos, que han demostrado tener una alta capacidad técnica y humana, con ganas de innovar y hacer mejor las cosas.

Lo anterior, me plantea que el único “techo” a lo que hacemos como Hospital, son las limitaciones que nosotros mismos nos ponemos; la invitación a nuestros funcionarios es a tener objetivos ambiciosos y pensar en grande las metas en sus respectivas áreas de trabajo.

Fuente

La clínica manda

Esta frase tan presente en las lecciones que nos entregaran los viejos maestros de la medicina, haciendo alusión a que la anamnesis y el examen físico son los que mandan a la hora de tomar decisiones sobre conductas terapéuticas en los enfermos, también es perfectamente aplicable a la gestión del Hospital.

Dado el giro institucional, es muy deseable que en casos de incertidumbre el argumento clínico predomine sobre el administrativo. El personal del Hospital tiene la “facilidad” de tener un norte a la labor desempeñada; este norte es el paciente como eje y fin último de nuestras acciones, independiente del estamento y campo de trabajo, ya sea administrativo o clínico.

Este punto ha sido una de las fortalezas del equipo que lideró el Dr. Cancino. En cada una de las decisiones ―del ámbito que sea― se ha buscado privilegiar lo clínico en beneficio de los pacientes; y lo que es más importante, se ha tratado de inculcar dicho principio a todos nuestros funcionarios.

No hacerle el quite a la pega

Una reflexión para mis colegas. Durante mi desempeño clínico me vi muchas veces criticando la gestión de mis jefaturas e incluso de los directivos, por lo que a mi juicio eran errores de criterio o fallas en la priorización; sin embargo, mi disposición para dedicar tiempo en “pegas administrativas” no existía. Argumentos para lo anterior hay varios y todos atendibles: desde el desarrollo profesional, a la falta de especialistas en mi área o al eventual perjuicio económico de quitarle horas de trabajo al ejercicio de la profesión.

El mensaje es que asumir trabajo administrativo y roles de responsabilidad, es parte del trabajo médico y absolutamente complementario a las labores clínicas. Me gustaría que mis colegas ―especialmente los jóvenes― pudieran comprender el beneficio que implica para sus carreras el ejercicio de cargos de jefatura o de responsabilidad. Pasar de la crítica pasiva a “tomar el toro por las astas”, de cambiar el mundo partiendo por nuestro entorno laboral más próximo y entender la labor administrativa como una extensión más de nuestras respectivas especialidades, que debe ser realizada con la misma exigencia y excelencia con la que atendemos a nuestros pacientes.

No temer a tomar decisiones

Ejercer un puesto de responsabilidad, conlleva la toma de decisiones a diario, algunas de ellas complejas y dolorosas.

Desde las primeras semanas de trabajo como directivos, nos tocó tomar decisiones difíciles, particularmente en relación a cambios de jefaturas. Algunos cambios fueron bien recibidos, otros no; algunos dieron resultados más prontamente que otros.

No obstante, el balance es positivo y, pese al mal rato que pudiera resultar de la ejecución de las decisiones adoptadas, el cambio en sí mismo es un valor, más aún cuando las decisiones se toman orientadas en hacer lo correcto, buscando el bien del Hospital y de sus pacientes; lo anterior me da total tranquilidad (creo en el karma).

El valor del equipo

Este último año ha sido sumamente complejo ―¿quién podría decir lo contrario?―, sin embargo, la dura tarea fue solamente abordable gracias al trabajo en equipo. Quiero centrar mi gratitud en la figura del director Dr. Mauricio Cancino, con quién nos une una larga amistad desde la etapa escolar, que fue el marco perfecto para desarrollar el trabajo asumido.

Este conocimiento nos permitió obviar una serie de etapas a la hora de establecer las formas de trabajo y definir las directrices y objetivos de trabajo. El Subdirector Médico, será tan efectivo y relevante, como el espacio y consideración que le entregue el director; en mi caso, sólo puedo agradecer la confianza depositada. Con formas de ser muy diferentes, supimos orquestar un modo de trabajo complementario y respetuoso de los roles de cada uno, poniendo al servicio del colectivo nuestras virtudes. Esta forma de trabajo, creo que empapó a nuestro círculo más cercano, que terminó convenciéndose del modelo y equipo de trabajo.

Dr. Rodrigo Riveros Pintone Sub Dirección de Gestión Asistencial.

Médico Neurocirujano y Neuroradiólogo.

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